Revival & Mission

Revival & Mission

Acts 1:6 -  “So when they had come together, they asked him, “Lord, will you at this time restore the kingdom to Israel?” (ESV)

The well-known promise of Jesus that we find in Acts 1:8 - “But you will receive power when the Holy Spirit has come upon you…” - is preceded by a question raised by the disciples about the kingdom. At this point we might assume the disciples had a clear understanding on the nature of the kingdom after being with Jesus for three years. And even more in light of the fact that the resurrected Christ had been appearing to them during forty days speaking about the kingdom of God and asking them to wait for the gift of the Spirit (Acts 1:3-4).

But the question they put to Jesus in verse 6 reflects a clear lack of perception. As a famous theologian once said, “there are as many errors in the question as words.” The verb “restore” suggests a political idea on the nature of the kingdom. The adverbial clause “at this time” expresses the expectation of an immediate fulfillment. And the noun “Israel” communicates a narrow and nationalistic understanding of the kingdom. Why were they exhibiting so much doctrinal confusion?

I believe the disciples still struggled to be willing to follow Jesus in mission toward the unbelieving world. As Professor Richard Lovelace explains, “Still gripped by the common vision of immediate peace and prosperity through the Messiah’s reign, they are unconsciously trying to evade the long period of spiritual warfare needed to spread the kingdom, to gather the elect from all ages of world history, and to allow followers of Jesus to become like him through sharing the way of the cross… The apostles were revealing the natural gravitation of their hearts away from outward mission and toward self-centered enjoyment of kingdom blessings.”

It shouldn’t surprise us that the same self-centeredness that characterized the people of Israel in the Old Testament, that prevented them from being a light to the nations, was a present struggle for the disciples, just as much as it is a struggle for us. Therefore Jesus responds by pointing his disciples to the gift of the Holy Spirit (Acts 1:8). Only the Spirit, by continuously driving us to the cross, is able to transform self-absorbed people into self-sacrificing.

No doubt the disciples needed the presence and the power of the Spirit in order to be able to follow Jesus in a costly mission. And as we clearly see in the book of Acts, it is precisely in the context of mission that they would experience the Spirit’s empowerment in its fullest way. Again, Richard Lovelace explains, “Jesus responds by telling them that the greatest blessing they can know within ordinary history – the full empowering of the Holy Spirit – will only come to them in the context of outward movement in mission.”

When we pray for revival, we are praying that by the work of the Spirit, people would be converted and believers would be spiritually renewed as the gospel continues to sink deeper into their hearts. As an outcome we expect an intensification of the church’s participation in the mission of Christ in the world. But, interestingly, it is precisely in this outward movement of mission that the church also experiences revival. For when the church seeks to follow Jesus into the world, it learns to abide in Him and grows in experiencing His presence (2 Cor 2:14, John 15:5).

¿Dónde quedó el amor?

¿Dónde quedó el amor?

Esta es una de las preguntas más comunes y más difíciles que se hacen los matrimonios. Los hermosos recuerdos que preceden la boda, la alegría de pasar el tiempo juntos o los sueños de compartir nuestra vida con la otra persona hasta envejecer juntos, parecen tan absurdos y tan lejanos. Aquella persona con la que nos casamos es tan diferente a quien ahora es. Nos preguntamos: “¿Cómo pude haber sido tan inocente al pensar que sería posible tener un matrimonio feliz?” Hacemos nuestro mejor esfuerzo para mantener el poco interés mutuo que aún existe. Tratamos de sobrellevar la relación. Nos enfocamos en buscar distracciones que nos hagan sentir mejor. Pero internamente nos sentimos vacíos y frecuentemente nos preguntamos: “¿Dónde quedó el amor?”

La mayoría de las personas estamos de acuerdo en que el amor es un elemento esencial en el matrimonio. Las parejas de novios desean casarse por amor. En los votos matrimoniales las parejas prometen amarse hasta que la muerte los separe. Estamos conscientes de que sin amor una relación no puede funcionar adecuadamente. Pero exactamente, ¿qué significa el amor en el matrimonio?

Obviamente existen distintas opiniones. La televisión, por ejemplo, frecuentemente nos presenta el amor como un sentimiento que llega al corazón de una persona en forma repentina pero que igualmente en forma repentina se va. Cuando el amor está presente, las parejas se sienten colmadas de sentimientos de afecto y atracción física. Cada uno de los cónyuges asume que ha encontrado a la pareja perfecta para complementar sus vidas. Piensan que la otra persona nunca les fallará en brindarles en forma perfecta la aceptación, la admiración, el respeto y el cuidado que sus corazones anhelan. En resumen, cada uno de ellos cree haber encontrado en la otra persona el valor y el propósito de su vidas.

Sin embargo, esta idea del amor que frecuentemente vemos en la televisión presenta muchos problemas. Por ejemplo, si sabemos que los sentimientos humanos fluctúan, ¿cómo podemos basar nuestra idea del amor en las emociones que estemos experimentando? En ocasiones estamos contentos, en ocasiones estamos tristes. En ocasiones habremos de sentirnos enamorados, pero no siempre será así. Si pensamos que el amor significa esa emoción, cosquilleo, y atracción física que comúnmente llamamos también enamoramiento, es de esperarse que el “amor” se vaya. Y si además tomamos decisiones basadas en la presencia o ausencia de esos sentimientos, ¿cómo podemos esperar en nuestro matrimonio tener algo de estabilidad que nos permita navegar los tiempos difíciles?

Si a esta frágil idea del amor le agregamos las expectativas tan altas que se crean entre las parejas, el problema es aún mayor. Porque cuando esperamos que la otra persona sea capaz de satisfacer plenamente los anhelos más profundos de nuestro corazón pronto habremos de sentirnos desilusionados y llegaremos a la conclusión equivocada de que nos hemos casado con la persona incorrecta.

Necesitamos entonces una mejor definición del amor en donde el compromiso a permanecer juntos y a buscar el bien de la otra persona, no dependa de los sentimientos ni se vea afectado por las desilusiones. Ese es el tipo de amor que la Biblia demanda entre esposos y que es posible otorgar si conoces el amor de Cristo.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Efesios 5:25-26a, NVI

¿Por qué nos obsesionamos con la belleza física?

¿Por qué nos obsesionamos con la belleza física?

No se necesita ser un experto para darse cuenta que nuestra sociedad pone mucho énfasis en la belleza física. Solo basta mirar un poco a la forma en que invertimos nuestros esfuerzos o tomamos decisiones para comprobar esta afirmación. Nuestros hijos pequeños crecen soñando en convertirse en héroes de fuerza excesiva o en princesas de hermosura perfecta. Los adolescentes pasan horas escogiendo la ropa que los haga ver mejor y sueñan con tener como pareja a la persona con el rostro y el cuerpo perfecto. Buscamos la fotografía ideal para nuestro perfil de redes sociales, aunque esto implique volverla a tomar una y otra vez. Gastamos mucho dinero tratando de mejor nuestra apariencia exterior.

Pero no quiero comunicar una idea equivocada. No es una crítica a la belleza física o la capacidad que tenemos para apreciar la belleza en el mundo. Dios creó al ser humano con alma y cuerpo, y con la capacidad de apreciar la belleza en todo lo que Él creó. Esa capacidad es la que nos hace maravillarnos de la puesta del sol sobre el mar, nos hace disfrutar la buena música, o nos hace pensar que nuestros hijos son las personas mas hermosas de todo el planeta. Apreciar la belleza física es parte de lo que significa ser humano.

Sin embargo nuestra obsesión por la belleza física revela que algo no esta bien en nosotros. Los niños sufren mucho cuando alguien se burla de su apariencia física. Los jóvenes quieren vestir bien para obtener la aprobación de otras personas. Algunos se deprimen y se aíslan al no sentirse bien con su cuerpo. Los adultos utilizamos nuestra apariencia física, nuestra ropa y nuestras posesiones para convencer a otros que tenemos una vida exitosa y feliz. Aún las artistas y modelos de Hollywood desean constantemente la afirmación de otras personas para no sentirse mal con ellos mismos.

¿Qué nos revelan todos estos ejemplos? En todos ellos, el deseo de verse bien físicamente esta asociado con el deseo de ser aprobado por otros. Utilizamos la belleza física para conseguir lo que nuestro corazón realmente desea: ser aprobado y aceptado por otros. Como dije anteriormente, el problema no es la belleza física. El problema es que nos obsesionamos pensando que ésta representa el camino para encontrar la aceptación y la satisfacción que nuestros corazones desean. Sin embargo, nunca es suficiente. Nunca es suficiente porque la belleza física es pasajera (Proverbios 31:30). Y nunca es suficiente porque cuando las personas conocen mejor nuestro carácter, dejan de impresionarse con nuestro físico.  

Lo que necesitamos es que alguien nos conozca y nos considere completamente hermosos, no sólo externamente sino también internamente. Ese tipo de conocimiento y de aprobación sólo puede venir de parte de Dios quien nos creó. Si Él nos llega a considerar hermosos, entonces nuestro corazón puede sentirse completamente satisfecho. Si Dios me ve así, ¿qué más da si alguien opina diferente?  Pero al ver tantas fallas en mi vida pienso ¿cómo podría esto ser posible? ¿Cómo es que un Dios perfecto pudiera aceptarme y amarme tal y como soy? Bueno, Dios lo hizo posible al enviar a Jesús a este mundo para hacernos hermosos delante de Él. Esa es la belleza que todos necesitamos, que Dios da por gracia y que se recibe por fe en Jesús.  

¿Cuánta fe se necesita?

¿Cuánta fe se necesita?

Hoy en día es común escuchar frases como, "aquella es una persona de mucha fe" o simplemente "ten fe." Pero al escuchar estas palabras es inevitable preguntarnos, ¿fe en qué o en quién? Después de todo, ¿qué es realmente lo más importante? ¿tener mucha fe o tener fe en la persona correcta?