Imagina por un momento que estás a punto de cruzar por un puente colgante hecho de madera y sogas que pende sobre un gran acantilado. Si las sogas son demasiado viejas o la madera está demasiado podrida, el puente podría colapsar mientras estás caminando sobre él. Inevitablemente caerías al precipicio. Te detienes por un momento para evaluar si debes o no debes de cruzar. Es una decisión importante y riesgosa. ¿Qué preguntas estarían pasando por tu cabeza al momento de decidir? Seguramente estarías haciendo preguntas en tu mente acerca de la condición del puente: ¿Qué tan resistentes serán las sogas?, ¿cuál es su condición? ¿Qué tan sólidos son los postes o las anclas que sostienen al puente? ¿qué tan podrida está la madera? Son preguntas muy relevantes porque una vez que comiences a cruzar, se puede decir que tu vida depende del puente. 

Normalmente esta es la manera en que tomamos decisiones que implican confiar en alguien o en algo. Hacemos preguntas con respecto al objeto o a la persona en la que vamos a confiar. Por ejemplo, antes de darle un anticipo a un contratista nos preguntamos, ¿qué conozco acerca de él? O ¿qué tan buena reputación tiene? Sin embargo, al hablar de la fe como un tema espiritual tal parece que existe una lógica distinta. En muchas ocasiones he escuchado a personas hablar de la fe sin importar en qué o en quién se esté confiando. Cuando alguien está pasando una situación difícil le animamos diciéndole, "ten fe." O hablamos de personas religiosas como personas de "mucha fe." Pero al escuchar estas frases, la gran pregunta que surge en mi mente es, ¿fe en qué o en quién? ¿Qué no es eso lo mas importante? Después de todo, la fe únicamente cobra importancia en relación al objeto o a la persona en quién se está confiando.

Regresando a nuestro ejemplo inicial, si el puente se encuentra en pésimas condiciones, con sogas podridas y apunto de reventarse, ¿será posible cruzarlo a salvo simplemente si tenemos suficiente fe en el puente? O, en forma opuesta, si el puente es sólido y firme, ¿no será suficiente con un poco de fe que me mueva a dar los primeros pasos? Si el puente esta firme, aunque comience a caminar con ciertas dudas, el puente me va a sostener. 

Como mencioné anteriormente, nuestra tendencia natural en las decisiones que tomamos día a día es averiguar. Y si esta es la precaución que tomamos para asuntos temporales o para situaciones de riesgo limitado, con mucha mayor razón deberíamos de hacerlo para aquellos asuntos que determinan el curso de nuestra vida y tienen trascendencia eterna. No es suficiente conformarnos con pensar que somos personas con "mucha fe en que todo va a estar bien." La pregunta central no es ¿cuánta fe tienes? sino ¿en quién está puesta tu fe? Esto implica: ¿En qué o en quién estás confiando para el futuro? ó ¿En qué o en quién tienes puesta tu esperanza de encontrar paz en esta vida o de ir al cielo al morir? Solamente hay una persona que no puede defraudarnos. La Biblia dice que "...todo el que confíe en Él no será jamás defraudado" (Rom. 10:17, NVI). Aún si nuestra fe es débil, si Jesús es quien hemos confiado estamos seguros. 

  "Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo" (Rom 10:17, NVI).