No se necesita ser un experto para darse cuenta que nuestra sociedad pone mucho énfasis en la belleza física. Solo basta mirar un poco a la forma en que invertimos nuestros esfuerzos o tomamos decisiones para comprobar esta afirmación. Nuestros hijos pequeños crecen soñando en convertirse en héroes de fuerza excesiva o en princesas de hermosura perfecta. Los adolescentes pasan horas escogiendo la ropa que los haga ver mejor y sueñan con tener como pareja a la persona con el rostro y el cuerpo perfecto. Buscamos la fotografía ideal para nuestro perfil de redes sociales, aunque esto implique volverla a tomar una y otra vez. Gastamos mucho dinero tratando de mejor nuestra apariencia exterior.

Pero no quiero comunicar una idea equivocada. No es una crítica a la belleza física o la capacidad que tenemos para apreciar la belleza en el mundo. Dios creó al ser humano con alma y cuerpo, y con la capacidad de apreciar la belleza en todo lo que Él creó. Esa capacidad es la que nos hace maravillarnos de la puesta del sol sobre el mar, nos hace disfrutar la buena música, o nos hace pensar que nuestros hijos son las personas mas hermosas de todo el planeta. Apreciar la belleza física es parte de lo que significa ser humano.

Sin embargo nuestra obsesión por la belleza física revela que algo no esta bien en nosotros. Los niños sufren mucho cuando alguien se burla de su apariencia física. Los jóvenes quieren vestir bien para obtener la aprobación de otras personas. Algunos se deprimen y se aíslan al no sentirse bien con su cuerpo. Los adultos utilizamos nuestra apariencia física, nuestra ropa y nuestras posesiones para convencer a otros que tenemos una vida exitosa y feliz. Aún las artistas y modelos de Hollywood desean constantemente la afirmación de otras personas para no sentirse mal con ellos mismos.

¿Qué nos revelan todos estos ejemplos? En todos ellos, el deseo de verse bien físicamente esta asociado con el deseo de ser aprobado por otros. Utilizamos la belleza física para conseguir lo que nuestro corazón realmente desea: ser aprobado y aceptado por otros. Como dije anteriormente, el problema no es la belleza física. El problema es que nos obsesionamos pensando que ésta representa el camino para encontrar la aceptación y la satisfacción que nuestros corazones desean. Sin embargo, nunca es suficiente. Nunca es suficiente porque la belleza física es pasajera (Proverbios 31:30). Y nunca es suficiente porque cuando las personas conocen mejor nuestro carácter, dejan de impresionarse con nuestro físico.  

Lo que necesitamos es que alguien nos conozca y nos considere completamente hermosos, no sólo externamente sino también internamente. Ese tipo de conocimiento y de aprobación sólo puede venir de parte de Dios quien nos creó. Si Él nos llega a considerar hermosos, entonces nuestro corazón puede sentirse completamente satisfecho. Si Dios me ve así, ¿qué más da si alguien opina diferente?  Pero al ver tantas fallas en mi vida pienso ¿cómo podría esto ser posible? ¿Cómo es que un Dios perfecto pudiera aceptarme y amarme tal y como soy? Bueno, Dios lo hizo posible al enviar a Jesús a este mundo para hacernos hermosos delante de Él. Esa es la belleza que todos necesitamos, que Dios da por gracia y que se recibe por fe en Jesús.