Esta es una de las preguntas más comunes y más difíciles que se hacen los matrimonios. Los hermosos recuerdos que preceden la boda, la alegría de pasar el tiempo juntos o los sueños de compartir nuestra vida con la otra persona hasta envejecer juntos, parecen tan absurdos y tan lejanos. Aquella persona con la que nos casamos es tan diferente a quien ahora es. Nos preguntamos: “¿Cómo pude haber sido tan inocente al pensar que sería posible tener un matrimonio feliz?” Hacemos nuestro mejor esfuerzo para mantener el poco interés mutuo que aún existe. Tratamos de sobrellevar la relación. Nos enfocamos en buscar distracciones que nos hagan sentir mejor. Pero internamente nos sentimos vacíos y frecuentemente nos preguntamos: “¿Dónde quedó el amor?”

La mayoría de las personas estamos de acuerdo en que el amor es un elemento esencial en el matrimonio. Las parejas de novios desean casarse por amor. En los votos matrimoniales las parejas prometen amarse hasta que la muerte los separe. Estamos conscientes de que sin amor una relación no puede funcionar adecuadamente. Pero exactamente, ¿qué significa el amor en el matrimonio?

Obviamente existen distintas opiniones. La televisión, por ejemplo, frecuentemente nos presenta el amor como un sentimiento que llega al corazón de una persona en forma repentina pero que igualmente en forma repentina se va. Cuando el amor está presente, las parejas se sienten colmadas de sentimientos de afecto y atracción física. Cada uno de los cónyuges asume que ha encontrado a la pareja perfecta para complementar sus vidas. Piensan que la otra persona nunca les fallará en brindarles en forma perfecta la aceptación, la admiración, el respeto y el cuidado que sus corazones anhelan. En resumen, cada uno de ellos cree haber encontrado en la otra persona el valor y el propósito de su vidas.

Sin embargo, esta idea del amor que frecuentemente vemos en la televisión presenta muchos problemas. Por ejemplo, si sabemos que los sentimientos humanos fluctúan, ¿cómo podemos basar nuestra idea del amor en las emociones que estemos experimentando? En ocasiones estamos contentos, en ocasiones estamos tristes. En ocasiones habremos de sentirnos enamorados, pero no siempre será así. Si pensamos que el amor significa esa emoción, cosquilleo, y atracción física que comúnmente llamamos también enamoramiento, es de esperarse que el “amor” se vaya. Y si además tomamos decisiones basadas en la presencia o ausencia de esos sentimientos, ¿cómo podemos esperar en nuestro matrimonio tener algo de estabilidad que nos permita navegar los tiempos difíciles?

Si a esta frágil idea del amor le agregamos las expectativas tan altas que se crean entre las parejas, el problema es aún mayor. Porque cuando esperamos que la otra persona sea capaz de satisfacer plenamente los anhelos más profundos de nuestro corazón pronto habremos de sentirnos desilusionados y llegaremos a la conclusión equivocada de que nos hemos casado con la persona incorrecta.

Necesitamos entonces una mejor definición del amor en donde el compromiso a permanecer juntos y a buscar el bien de la otra persona, no dependa de los sentimientos ni se vea afectado por las desilusiones. Ese es el tipo de amor que la Biblia demanda entre esposos y que es posible otorgar si conoces el amor de Cristo.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Efesios 5:25-26a, NVI